En alguna navidad cuando tendría 9 o 10 años mi madre nos instó a mi
hermano y a mí a escribirle a aquel viejo regordete y rojo, recuerdo que
nuestra situación económica no era la mejor por aquellos tiempos, por A y B razones que no creo que vengan al caso
detallarlas.
Siempre fui poco crédulo y muy objetivo con respecto a eso de pedir regalos
a un ser que tenía que lidiar con millones de niños que le pedían a gritos un
juguete con el cual podían hacer feliz su navidad. De hecho yo ya estaba en
edad de saber que ese ser era inexistente, pero fue tanta la insistencia de mi
madre que a la final lo hicimos, mi hermano me pidió que le ayude a redactar su
carta, yo hice la mía también, a parte con un poco de fieltro hicimos una media
de navidad roja con un filo blanco y una lata de cola le daba forma a esa ya de
por si deforme media navideña, para finalizar pusimos un cartel grande en la
ventana que decía “Para Papa Noel”. Sabía que sería una navidad triste, mi papa
por ese entonces se encontraba en Huaquillas cumpliendo frontera (era militar)
y pasar solos con mama era lo que se esperaba, no habría pavo, ni juguetes, ni
festejo, ni nada de aquello que hace que la navidad sea una “navidad”, sobre
todo para un niño de esa edad.
Paso la navidad, sin gloria, con un poco de pena, a lo mejor porque sabía
que eso era lo que iba a pasar. No podre negar que me sentí triste por no tener
una navidad “normal”.
En fin, pasaron los días y la mañana del 27 apareció aquel ogro
intransigente que adorare toda la vida, mi papá llegaba, eso de por sí ya nos
alegraba un mundo, llegaba siempre con unas Inca Kola que venía trayendo de la
frontera con el Peru, en ese entonces la Inca Kola no se comercializaba como
hoy se lo hace y personalmente a parte de la relación emocional que me produce
tomarme una, confesare que su sabor es épico.
Después de eso saco de su morral el pedido que le habíamos mandado a traer
al Papa Noel, a mí me tocó un carro a tracción y un nintendo, a mi hermano una
volqueta Tonka y alguna otra cosa más que no recuerdo. La navidad llego, aunque
tarde pero llego.
Hoy he podido recobrar el verdadero sentido de la navidad, que más allá del
sentimentalismo religioso que provoca en algunas personas, creo que tiene que
ver con la oportunidad de ser mejores personas, ayudando a quien menos tiene,
no por el egocentrismo absurdo de llenar vacíos de conciencias creyendo que dar
un dólar a un niño pobre nos absolverá de lo carevergas que hemos sido todo el
año, sino más bien de aquel dar de corazón, de aquel entregar no de lo que nos
sobra, sino de lo que necesitamos también. Seamos consecuentes, hagamos que la
navidad de alguien más pueda ser feliz.
Yo trabajo en Macas, Morona
Santiago con niños de 10 a 14 años de familias muy pobres, nunca me ha gustado
hablar de “sectores vulnerables” o “personas humildes”, es un feo eufemismo
para disfrazar la pobreza, es por eso que les pido de favor, me ayuden a hacer
de su navidad, una navidad feliz, pido ayuda para poder esbozar en su rostro
una sonrisa, lo que necesito es ropa usada o nueva en “buenas condiciones”, no
rota, ni extremadamente vieja, caramelos, galletas y juguetes nuevos y usados
en “buenas condiciones”.
Pueden contactarse conmigo de las siguientes formas:
Mail: orisha98@hotmail.com
Twitter: @guambraloco
Espero de su ayuda antes del 21 de diciembre, ellos les agradecerán infinitamente
y yo también. Hagamos que alguien que lo necesita, también pueda tener una
“FelizNavidad”.
P.D.- subiré fotos del agasajo que se les va a hacer a los niños.

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